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¿Y la reforma migratoria de Biden?

Jorge Santibáñez

Éste artículo también salió publicado en: Los Angeles Times

25 mayo, 2021
Tema:

Por JORGE SANTIBÁÑEZ
ESPECIAL PARA LA TIMES EN ESPAÑOL
MAYO 25, 2021 9:55 AM PT

Como una de sus promesas mas importantes en campaña, Joe Biden se comprometió a impulsar una reforma migratoria que regularizaría la presencia no autorizada (pero tolerada y requerida) de poco mas de once millones de inmigrantes indocumentados. El tema es o debiera ser particularmente importante para México, porque los mexicanos en esa condición representan el grupo mas grande con alrededor del 40% de los que en Estados Unidos aun llaman inmigrantes ilegales.

La promesa de Biden tenía varios objetivos. Sin duda, desmarcarse de Trump en un tema que éste había hecho central, y hacerle un guiño al voto de la comunidad hispana que es tan cercana a los indocumentados, por decir algunos de los mas importantes.

En estricto sentido, Biden cumplió su promesa y a los pocos días de haber tomado posesión como el presidente número 46 de Estados Unidos, propuso cambios profundos que permitirían a los inmigrantes indocumentados obtener primero la autorización para residir de manera permanente en ese país y con el tiempo naturalizarse y convertirse de manera plena, con todos los derechos en ciudadanos estadounidenses.

Cualquier presidente de Estados Unidos sabe que entre proponer una reforma migratoria y obtenerla, la diferencia es muy grande. Sobre todo después de Trump que polarizó tanto a la sociedad en este tema.

A grandes rasgos y simplificando en exceso, la sociedad estadounidense se ha dividido en tres grupos. Quienes se oponen bajo cualquier argumento o sin ninguno a la presencia de inmigrantes en Estados Unidos, particularmente los indocumentados sobre todo los latinos; quienes toleran a los inmigrantes porque los perciben como útiles y hasta necesarios para su desarrollo y aquellos, los menos, que están decididamente a favor de los inmigrantes porque saben que la viabilidad del futuro demográfico, económico y social de Estados Unidos depende de la inmigración.

En el balance, los dos primeros grupos piensan que el inmigrante acaba costándole al contribuyente estadounidense porque aun aquellos que consideran que la mano de obra inmigrante aporta a la economía, lo que se obtiene al usar servicios como salud y educación es mucho más. Están equivocados pero como dice un colega, lo que es cierto en su percepción, es cierto en sus consecuencias.

Uno de los impactos mas negativos de Donald Trump es que legitimó y validó al primer grupo, aquel que sin argumentos o en todo caso sin argumentos válidos se opone a los inmigrantes. Les hizo creer que sus posiciones antiinmigrantes son correctas y reflejan los intereses legítimos de ciudadanos estadounidenses en beneficio de su país. Y no solo me refiero a supremacistas blancos de la América profunda. Muchos congresistas por quienes eventualmente pasará el análisis de una reforma migratoria así lo creen.

En ese ambiente, para que cualquier propuesta migratoria sea por lo menos considerada, la administración de Joe Biden no puede permitirse las escenas que tanto molestan a la sociedad estadounidense, una frontera con México, porosa y desordenada en donde cientos o miles de inmigrantes pueden burlarse de las leyes de Estados Unidos y de sus instituciones y en donde las familias son separadas. A Trump su modelo de gestión le salió bien porque AMLO le hizo el trabajo sucio. Biden y AMLO no han encontrado cómo construir una relación siquiera funcionalmente aceptable.

Como para reiterar su compromiso, hace unos días Biden se reunió en la Casa Blanca con líderes de los llamados Dreamers. Inmigrantes indocumentados que fueron llevados a Estados Unidos siendo niño y cuya mayoría son mexicanos. El mensaje es importante pero insuficiente y la reforma migratoria, aun la que concierne a esos Dreamers está empantanada.

¿Qué papel puede jugar México? Más allá de ofrecer como moneda de cambio el control de los flujos migratorios de centroamericanos, el trillado mensaje de que hay que atender las causas y festejar las remesas que los mexicanos envían desde Estados Unidos. No hemos encontrado la fórmula para atender a 11 millones de mexicanos, nacidos en México y que viven en Estados Unidos. Obsesionado y concentrado en preservar el control interno, a AMLO esos mexicanos le interesan aun menos que a sus antecesores.

Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute

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