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¿Por qué los migrantes no votan?

Jorge Santibáñez

Éste artículo también salió publicado en: Los Angeles Times

5 octubre, 2022
Tema:

POR JORGE SANTIBÁÑEZ*
ESPECIAL PARA LA TIMES EN ESPAÑOL
OCT. 5, 2022 7:38 AM PT

Hace unos días el servicio de inmigración del gobierno de Estados Unidos anunció que había asignado 20 millones de dólares a 66 organizaciones de la sociedad civil en 35 estados de la unión americana para promover que los inmigrantes que cumplieran con los requisitos se conviertan en ciudadanos.

De entrada, llama la atención que se tenga que promover algo que es esencialmente un trámite y que solo significa ganar derechos. Uno de esos derechos, pero está lejos de ser el único, es el de votar.

Por diversas razones, los latinos en general y sobre todo los mexicanos, aun cumpliendo todos los requisitos, somos por mucho los que más nos tardamos en hacer el trámite para convertirnos en ciudadanos estadounidenses. Aunque existen varias vías, la mayoría (82%) de los inmigrantes que se naturalizan lo hacen por el camino de haber cumplido 5 años de residencia permanente.

Muchos nunca presentan su solicitud, pero de aquellos que lo hacen, el tiempo promedio de presentación de un inmigrante mexicano es de once años después de haber obtenido la residencia permanente, mientras que otros inmigrantes, como los de India, Brasil o hasta Venezuela, lo hacen en el año siguiente al haber cumplido esos cinco años de residente permanente.

Mientras no seamos ciudadanos, no se podrá votar y si no se vota no tenemos el peso electoral que corresponde a nuestras aportaciones a la economía y sociedad estadounidenses, no estamos representados y lo que es peor, contribuimos a que se nos use electoralmente porque al final de cuentas no tiene costos políticos atacar a los inmigrantes y por eso gobernadores como los de Texas, Arizona o Florida los usan para, de muy mala manera, ganar votos.
La comunidad latina en Estados Unidos es mayor que la afroamericana, sin embargo, a ningún político se le ocurriría presentar a esta última como de inmigrantes, mientras que sí lo hacen con los latinos.

Se han argumentado muchas causas, el costo del trámite, la falta de asesoría legal, la ignorancia acerca del cumplimiento de los requisitos, no aprobar el examen cívico o el de inglés y muchos inmigrantes que por ejemplo alguna vez tuvieron problemas de tránsito o problemas menores en los que tuvo que intervenir la policía, equivocadamente creen que eso los inhabilita para ser ciudadanos. Pero todas esas razones no se comparan con lo que como comunidad se ganaría en Estados Unidos.

Pero la falta es doble. Los migrantes mexicanos en Estados Unidos podrían votar en elecciones mexicanas y tampoco lo hacen.

El derecho que tienen para ello ya nadie lo discute, se modificó la constitución, el INE ha creado grupos de trabajo y mecanismos más amigables para que los migrantes voten a distancia, la academia y sociedad civil han hecho contribuciones importantes, el congreso mexicano tiene comisiones específicas para ver este tema y en algunos estados hasta hay diputados migrantes, se han realizado infinidad de reuniones y seminarios, pero los migrantes siguen sin votar.

En las últimas elecciones federales mexicanas se emitieron menos de cien mil votos desde el exterior. La cifra es ridícula si la comparamos con que solamente en Estados Unidos viven más de 10 millones de mexicanos nacidos en México y que sus hijos, por ser de padres mexicanos también tendrían derecho a votar. Estamos hablando de por lo menos 16 millones de votos que vaya que podrían ser decisivos en cualquier elección.

A México, que no hace casi nada al respecto, le convendría esta participación electoral en los dos países.
En Estados Unidos tendríamos una capacidad de cabildeo que beneficiaría a los mexicanos allá y a los que están en México. Solo imagine lo que sería el diálogo entre los dos países con una importancia electoral mucho mayor, con muchos más congresistas y funcionarios de origen mexicano.

En México, la idea de que su voto se concentraría en un partido, como equivocada y tradicionalmente cree el gobernante en turno, no tiene sustento. Hasta ahora la participación ha sido tan pequeña que no se pueden derivar conclusiones. Si participan se convertirían en una presión para tener una verdadera política migratoria, que no se reduzca a festejar sus remesas, en generar políticas públicas que beneficien a sus regiones.

Todo eso es posible y corresponde de pleno derecho, pero primero hay que hacerse ciudadano en Estados Unidos y votar en ambos países.

*Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute

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