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México-Estados Unidos por debajo de la mesa

Jorge Santibáñez

Éste artículo también salió publicado en: Los Angeles Times

6 diciembre, 2021
Tema:

POR JORGE SANTIBÁÑEZ *
ESPECIAL PARA LOS ANGELES TIMES
DIC. 5, 2021 1:30 PM PT

Da la impresión de que en el reciente encuentro que sostuvieron en Washington, mientras AMLO daba clases de historia de México a Joe Biden y este hacía cara de muy interesado en el tema, en alguna oficina del mismo edificio había otra reunión de la que sí se derivaron compromisos y concesiones.

La opacidad con la que se ha manejado esa o esas reuniones es mayúscula. Lo acordado se ha ido filtrando por funcionarios estadounidenses o lo hemos visto en la práctica. La estrategia no es nueva, de hecho, casi podríamos decir que es la tradición mexicana. En lo público México mantiene un discurso de dignidad y soberanía que apela al respeto e independencia de los dos países, los presidentes siempre tienen entre ellos excelente química y, “por debajo de la mesa”, se hacen concesiones que nada tienen que ver ni con la soberanía ni con la independencia. Quizá esta vez molesta más por el machacón discurso de AMLO y sus funcionarios en el sentido de que son diferentes, que ya todo cambió y las cosas pasan por primera vez en la historia de México.

Por lo observado, sin que esta lista se dé por terminada, México cedió un control rígido de los flujos migratorios de tránsito hacia Estados Unidos, la participación activa en el programa Quédate en México que retiene en territorio mexicano a los solicitantes de asilo mientras desahogan su proceso y desatoró la entrega de visas a agentes de la DEA para que operen en suelo mexicano, mismas que se habían detenido como señal de desacuerdo en el manejo que se hizo de la detención del exsecretario de Defensa en el gobierno de Peña Nieto. Todo ello, al margen de mecanismos formales o acuerdos documentados. Vaya, el Senado mexicano que según las leyes vigentes debe ser informado, ni siquiera fue notificado. Nuevamente todo es por debajo de la mesa.

Algunas de las cosas acordadas ya las hacía el gobierno de AMLO. También sin acuerdos formales. Por ejemplo, México ha destinado más de 25 mil agentes de la Guardia Nacional para detener a los migrantes en su intento de llegar a Estados Unidos. Esos elementos tendrían problemas que atender en México antes de perseguir migrantes que no son delincuentes.

El Instituto Nacional de Migración ha ido acuñando un nuevo vocabulario según el cual, los migrantes no son perseguidos sino “rescatados”, no se les retiene en cárceles para migrantes sino en “estaciones migratorias” y no se les impide el paso y la circulación por México, sino que se les “protege”.

Incluso en ese tema hay novedades, como el establecimiento del requisito de visado para algunas nacionalidades que han sido detectadas en los flujos de tránsito.

Llama negativamente la atención la participación mexicana en el programa conocido como Quédate en México que convierte a las localidades fronterizas mexicanas en sala de espera de los solicitantes de asilo de procesos que ocurren en Estados Unidos. México ha jugado ese nada decoroso papel desde los inicios de esta administración y de manera masiva desde que ingenuamente se propició que el flujo de centroamericanos se hiciera mucho más intenso porque según el nuevo paradigma de AMLO “todos eran bienvenidos” y Trump amenazó con aranceles si no se les detenía.

Uno de los argumentos es que esto se deriva de una orden judicial que obliga al gobierno de Joe Biden a retomar el programa que suspendió apenas tomó posesión. Sin embargo, hasta donde entiendo y salvo que haya habido cambios recientes en la constitución mexicana, las resoluciones de un juez estadounidense no tienen porque ser acatadas en México. Se pudo haber dicho que no. Por lo menos se hubieran exigido mejores condiciones para hacerlo. Prácticamente, lo único que se pidió es que enviaran vacunados contra el COVID a esos solicitantes, lo cual tiene un tufo discriminatorio porque en México para entrar al país, no se exige a nadie que procede de Estados Unidos, que esté vacunado.

Los funcionarios mexicanos argumentaron que eso se hacía por razones humanitarias. Sigo sin ver en dónde está lo humanitario de recibir en México a estos solicitantes, sin apoyos, en ciudades con altos índices de violencia que no conocen, en albergues inseguros y sin servicios y con acceso muy limitado a asesoría legal o ayuda de organizaciones no gubernamentales, contra que permanezcan en Estados Unidos en donde todos sabemos que esos servicios se otorgan de mejor manera.

A cambio, eso sí muy informado en México, se obtuvo que Estados Unidos aportara recursos económicos para “atacar las causas de la migración” a través de la expansión de los programas sociales de AMLO no en México, sino en Guatemala, Honduras y El Salvador bajo el nombre de Sembrando Oportunidades. Algunas cosas llaman la atención. Nada indica que estos programas incidan en la necesidad de migrar, y la cantidad que EE.UU aportará el primer año es apenas de 800 millones de dólares y en total de 4 mil millones de dólares en 4 años (suponiendo que el Congreso lo apruebe, que Biden se reelija y que el Congreso siga siendo de mayoría demócrata). Para ubicar la cifra en contexto, baste mencionar que solo Honduras recibirá en 2021 en remesas familiares desde Estados Unidos más de 7 mil millones de dólares.

Otro tema que llama la atención es que quien se encargará de la administración de esos recursos por parte de Estados Unidos es la agencia USAID que hace apenas unas semanas fue acusada por AMLO de intervencionista al financiar organizaciones contrarias a su gobierno.

Total, todo es opaco, todo es por debajo de la mesa, no hemos cambiado tanto.

*Presidente de Mexa Institute
www.mexainstitute.org

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