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¿Cuántas caravanas más?

Jorge Santibáñez

Éste artículo también salió publicado en: Los Angeles Times

15 octubre, 2019
Tema:

Hace apenas unos días, cientos de migrantes centroamericanos organizaron una caravana partiendo de Chiapas para llegar a Estados Unidos. Fueron detenidos y regresados a la Estación Migratoria Siglo 21 en Tapachula, Chiapas.

¿Cuántas caravanas más necesita el gobierno mexicano -o el estadounidense que es quien ordena-, para entender que esta forma de administración del fenómeno migratorio no resuelve nada, es inútil, poco sostenible y sólo distorsiona y expone a las personas que participan en estos flujos migratorios?

Lo que ocurrió era más que previsible, los centroamericanos, a quienes ahora se unieron migrantes africanos y caribeños, después de semanas o meses de esperar la autorización para poder seguir con su viaje, se cansaron de aguardar y decidieron organizarse para seguir su camino, con permiso o sin él. Cierto, por las imágenes difundidas, fueron tratados amablemente y con pleno respeto a sus derechos humanos. Pero eso no resuelve el problema.

Si la apuesta es que los migrantes se cansen y se regresen, es un error. Probablemente algunos lo hagan, un porcentaje mínimo. Bastaría hacer algunas entrevistas entre ellos para darse cuenta de lo que están huyendo y convencerse de que por ningún motivo van a regresar. Eso hizo la cadena estadounidense HBO en un documental de reciente difusión y sólo hay que ver el resultado de ese trabajo para estar seguros de que esos migrantes no van a retornar por la simple y sencilla razón de que están tratando de preservar su vida y salvar la de sus hijos.

Si lo que se pretende es que permanezcan en México, tampoco ocurrirá. Es probable que algunos decidan hacerlo, pero la abrumadora mayoría quiere llegar a Estados Unidos a como dé lugar y lo van a seguir intentando, porque no tienen alternativa. Las razones se han explicado hasta el cansancio. México no les ofrece la seguridad que están buscando y sus familiares y amigos están en Estados Unidos. Se trata de reunirse con ellos.

Lo que sin duda ocurrirá es que en unas cuantas semanas los migrantes se reagrupen y vuelvan a intentar seguir su viaje hacia Estados Unidos. Ojalá lo hagan en caravanas como las que intentaron y que se dan en un relativo orden. Pero mucho me temo que esa vía será cada vez menos utilizada, porque se darán cuenta que no tiene ninguna posibilidad de éxito y lo que empezará a ocurrir es que intenten seguir su camino por rutas en las que no sean detectados, de manera subrepticia.

Eso los expondrá a muchos más riesgos, pero en su lógica menos que los riesgos asociados al retorno y, sobre todo, con la esperanza de llegar a Estados Unidos. En una segunda etapa, esas rutas clandestinas que no son controladas por la Guardia Nacional, sino por organizaciones criminales, empezarán a derivar “beneficios” de esos migrantes que transitan por lo que en la práctica es “su territorio”.

Ya sabemos cuales son esos “beneficios”: dinero, corrupción de autoridades, trata de personas y participación en actos delictivos. Parece que el gobierno mexicano no entiende que al contenerlos, sin comprender lo que está realmente pasando, sólo los estaría echando en brazos del crimen organizado. Por más amablemente que los trate en los operativos de contención.

Además, ¿qué tan sostenible es que 25 mil miembros de la Guardia Nacional -prácticamente la mitad de su capacidad operativa-, se dediquen a perseguir migrantes, que no son delincuentes? ¿Cuántos de los miles de delitos que ocurren en México podrían ser evitados si estos elementos se dedicaran a las funciones para las que se les paga de nuestros impuestos y que en síntesis es la de perseguir delitos y delincuentes y no migrantes?

Si el único objetivo es que Donald Trump esté contento con el gobierno mexicano, además de eso, no me queda claro lo que México obtiene y sí lo que pierde. Lo más preocupante es que en México el gobierno insiste en hacer creer que esta es la vía correcta. Preocupa más “hacer creer” que incidir en la realidad.

Se despliega una campaña que, como en muchos otros temas, divide a la sociedad en tres grupos sin que entre ellos sea posible debatir. Por un lado, quienes están totalmente a favor de AMLO y su gobierno y defienden ciegamente, con “sus datos”, la estrategia. Por otro quienes critican la estrategia. Cada grupo se habla a sí mismo, sin importar lo que diga el otro. Finalmente hay un tercer grupo, que acaba siendo la mayoría: aquellos a quienes no les importa en absoluto el tema.

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