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Sembrando vida y sembrando dudas

Jorge Santibáñez

Éste artículo también salió publicado en: Los Angeles Times

28 April, 2021
Tema:

Por JORGE SANTIBÁÑEZ
ESPECIAL PARA LOS ANGELES TIMES
ABRIL 27, 2021 11:14 PM PT

En la reciente reunión internacional sobre el cambio climático, al escuchar al presidente mexicano, lo menos que podemos decir es que AMLO no está entendiendo el momento que se vive en la relación con Estados Unidos, o no lo están asesorando correctamente o bien, no escucha a sus asesores.

Más allá de cuestiones técnicas propias de la reunión que para la mayoría de los mexicanos no son claras y que todos los analistas de la reunión coinciden en que su intervención, de forma y fondo, dejó mucho que desear, políticamente no entendió de lo que se trataba.

Para Biden, principal promotor de la reunión, se trataba de recuperar el liderazgo internacional y temático de Estados Unidos, que su predecesor tiró a la basura. En esta lógica se esperaban compromisos específicos en torno al cambio climático.

La intervención de AMLO no solo fue en sentido opuesto sino que, como si se tratara de una reunión bilateral, trató de establecer un diálogo directo con Biden alrededor del tema migratorio de la región, a pesar de que días antes ya el gobierno estadounidense le había mandado un mensaje clarísimo, a través de un funcionario menor, ni siquiera del Secretario de Estado, en el sentido de que no se abordarían temas migratorios y que la reunión era exclusivamente sobre el cambio climático.

Pero AMLO es terco, él mismo lo dice y lo ve como una cualidad. En términos generales le ha funcionado, pero no siempre funcionará.

Parte de esa terquedad se expresa en la insistencia de que la plataforma para resolver el tema migratorio de la región sea la extensión y expansión de su programa Sembrando Vida, que a grandes rasgos consiste en que habitantes de zonas rurales reciban un ingreso a cambio de sembrar y cuidar árboles en sus parcelas. Además lo anuncia de manera previa a la reunión, quizá por eso le mandan mensajes que no escucha.

AMLO va más allá. Propone que después de tres años en el programa, se ofrezca a los participantes una visa de trabajo temporal en Estados Unidos y tres años después la residencia permanente y hasta la nacionalidad estadounidense. ¿cómo? Si se supone que la idea es arraigar a los participantes en sus lugares de origen.

¿Nadie le ha explicado que si hay un tema del que los estadounidenses son celosos es justamente el de establecer ellos, sin ninguna participación externa, las condiciones para trabajar en Estados Unidos y convertirse en ciudadanos?, ¿nadie le dice que esas posiciones son contradictorias con lo que tantas veces ha dicho de no intervenir en cuestiones internas de EE.UU? Y en todo caso, sería mejor ir construyendo esa “solución” conjuntamente, por los canales institucionales de comunicación entre los dos países, sin aspavientos y declaraciones unilaterales en sus conferencias matutinas.

Da la impresión de que la estrategia es, como en muchos otros temas, hacer afirmaciones generales y obvias como la de “resolver el tema de raíz, atacando las causas”, sin decir cómo o proponer soluciones utópicas para después buscar culpables.

De hecho, el programa en cuestión no ha demostrado ni su contribución al medio ambiente, ni la relación que podría tener con la generación de condiciones de arraigo para los participantes. No hay información que permita analizar sus impactos. Que el programa resida en la Secretaría de Bienestar deja ver su carácter clientelar.

En esta lógica, ¿de verdad el presidente mexicano y sus colaboradores piensan que Estados Unidos va a destinar recursos para que AMLO lo use políticamente, en un programa que no ha demostrado sus bondades y que además se dejará presionar con anuncios y declaraciones previas a las reuniones, como ya lo está haciendo en relación a la próxima reunión con Kamala Harris?. ¿No sabe que los mexicanos que son escuchados en EE.UU son con frecuencia aquellos intelectuales y académicos a quienes él desprecia y descalifica una mañana sí y otra también?

El proceso migratorio en la región no se va a resolver con varitas mágicas ni de la noche a la mañana. La solución, si existe será compleja.

Por primera vez en mucho tiempo, Estados Unidos está dispuesto a participar directamente y al más alto nivel. México puede como nunca jugar un papel central, no solo por los migrantes centroamericanos sino por el creciente número de mexicanos que están emigrando.

Hay que reconocer que el problema tiene por lo menos dos dimensiones. Una de corto plazo, casi inmediato, administrando los flujos que siguen creciendo y otra en el mediano y largo plazo incidiendo en las condiciones de desarrollo de los países involucrados.

Pero lo que urge es más seriedad y profesionalismo y entender que Kamala Harris no es una de las asistentes a sus conferencias matutinas.

Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute

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