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Lo que México no entiende del T-MEC

Jorge Santibáñez

Éste artículo también salió publicado en: Los Angeles Times

28 July, 2021
Tema:

POR JORGE SANTIBÁÑEZ
ESPECIAL PARA LA TIMES EN ESPAÑOL
JULIO 28, 2021 11:17 PM PT

Hace unos días surgió un nuevo diferendo en la interpretación de lo establecido en el tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá T-MEC. Esta vez por las llamadas reglas de origen y que norman el porcentaje de insumos regionales en los productos que son comercializados al amparo de este acuerdo.

Más allá de la diferencia puntual, que se suma a otras en temas laborales y cuestiones ambientales y a las que sin duda se irán acumulando, la realidad es que el T-MEC no ha arrancado y que hay temas de fondo que de no atenderse lo harán fracasar antes de verdaderamente iniciar. La administración de AMLO no entendió ni entiende aún la transformación que significó el tránsito del TLCAN al T-MEC.

Hagamos un poco de historia. El T-MEC, una revisión del TLCAN firmado en 1994, se presentó a los mexicanos como el primer “éxito” internacional de AMLO. Si bien es cierto que aún no había tomado posesión como presidente de México, como en otros temas, la administración anterior dejó en sus manos todas las negociaciones de este acuerdo.

La revisión del TLCAN no se derivó de una petición mexicana o de una evaluación acordada por los firmantes. Fue una reacción a la amenaza de acción de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del acuerdo, porque según él y sin datos que sustentaran su afirmación, era el peor tratado comercial que había firmado su país y no convenía a los trabajadores de la industria estadounidense, parte esencial de su electorado.

Fue eso, un tema electoral y desde ahí era ya muy claro que AMLO en la relación con Estados Unidos, particularmente con Donald Trump, se rige por el principio de que, si no nos va mal, nos va bien. México cedió de manera apresurada absolutamente en todo y sin incorporar a Canadá con quien ahora quiere hacer equipo en el tema de las reglas de origen.

AMLO fue a Estados Unidos, su único viaje internacional, en plena campaña de reelección de Donald Trump a agradecerle el acuerdo y, aunque usted no lo crea, lo bien que trataba a México y a los mexicanos. Con estos antecedentes -pero aún hay más-, pretender interpretaciones favorables o flexibles de las reglas del T-MEC por parte de la administración Biden, refleja, por decirlo suavemente, una ingenuidad increíble.

Los factores con los que México competía en el TLCAN formalmente, era la vecindad geográfica, un exceso de mano de obra joven y un mercado de consumo. En realidad, competía porque ofrecía, entre otras cosas, una mano de obra abundante, barata, dócil, controlada por los sindicatos y una gestión flexible -es un decir-, de cuestiones ambientales.

Justamente por eso Donald Trump lo escogió como tema de campaña. Los empleos se van a México decía. Además, la vecindad era usada por otras regiones para entrar al mercado estadounidense sin pagar impuestos de importación.

Por eso, en la revisión se modificaron hacia arriba y de manera más rígida las reglas de origen, los salarios que deben recibir los trabajadores y se elimina el control que ejercían los sindicatos mexicanos sobre sus agremiados y someterlos a los patrones. Es decir, se acabó con los factores mexicanos de competitividad.

Pero para AMLO y su equipo lo importante era poder anunciar en sus conferencias matutinas y presentar como logro esta revisión. Nuevamente, aplicó su máxima de: declaro, luego es cierto y la realidad se ajusta a eso. Como en todo, lo importante es firmar y anunciar.

El tema no acaba ahí. Los estadounidenses entienden las sociedades de manera más global. No se puede decir “somos socios” en lo comercial y no apoyarlos en otros temas regionales. Sobre todo, en foros internacionales o en la relación con sus socios estratégicos. En esta lógica, apoyar abiertamente y de manera hasta escandalosa al gobierno de Maduro en Venezuela o la represión del gobierno cubano, atacar y pedir la desaparición de la OEA -aun aceptando que está subordinada a Estados Unidos-, y hasta criticar a Israel y al mismo tiempo pedir interpretaciones flexibles y favorables en temas comerciales o en la frontera común, no procede y tiene consecuencias.

Jorge Santibáñez es presidente de Mexa Institute

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