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Mexa Institute

Su muro y nuestro silencio

Jorge Santibáñez

Éste artículo también salió publicado en: La Jornada

4 enero, 2019
Tema:

Uno de los grandes retos que tiene el gobierno mexicano en 2019 es el de articular una relación sana –o por lo menos no enferma– con Estados Unidos. No será sencillo, hay varios temas que pueden tensar esa relación; el modelo Trump-AMLO además de novedoso puede ser explosivo, pero también tiene espacios de oportunidad. El muro en la frontera entre los dos países y los migrantes centroamericanos que buscan asilo en la nación vecina son quizá los más inmediatos y visibles. Ambos temas están relacionados, detengámonos esta vez en el primero de ellos.

Con relación al muro, el nuevo gobierno mexicano, por boca de su Presidente, ha escogido la estrategia de presentarlo como algo interno de Estados Unidos y por ello, en su lógica, no debemos opinar ni hacer nada. Quizá como estrategia de corto plazo, para no meternos en problemas, recurrir al calladitos nos vemos mas bonitos sea funcional, sin embargo, hay que ir preparando respuestas con mayor contenido, porque el tema tiende a ser cada vez más importante en el debate estadounidense, cada día más tendrá que ver con México y el presidente Trump está dispuesto a jugarse en ese muro, de una u otra forma, su relección.

Es discutible que el tema sea estrictamente estadunidense. Todo lo que pasa en la frontera entre los dos países, tiene impacto de ambos lados. No podemos olvidar que durante la campaña presidencial de 2016, el entonces candidato Trump prometió ese muro –que por absurdo que parezca, 30 por ciento de sus habitantes quiere– y manifestó, además, que lo pagaría México, algo más absurdo aún. De hecho, algunos congresistas demócratas se niegan a aprobar recursos del presupuesto de Estados Unidos para su construcción, con el argumento de que no tendrían por qué dar recursos toda vez que lo que el magnate prometió, siendo candidato, es que lo pagaría México, no los impuestos estadunidenses.

Recién, Trump dijo que México lo pagará indirectamente con lo que Estados Unidos estaría ganando al entrar en vigor el tratado comercial T-MEC, lo cual presupone que esos recursos, los estaría perdiendo México, contrariamente a lo que se nos dijo cuando se negoció dicho tratado. Sin embargo, claro que el tema tiene que ver con México.

La lógica de que lo que pasa en territorio estadunidense es interno y por ello no podemos expresar nuestra opinión o hacer algo, es anticuada, incorrecta, limitada y en el mediano plazo poco conveniente para nuestro país. No nos lo podemos permitir. Con esa estrategia nos estaríamos imponiendo un silencio e inacción en temas que nos son fundamentales como, por ejemplo, todo aquello que afecta a los 36 millones de mexicanos en Estados Unidos. No podríamos decir ni hacer nada de las redadas que detienen a connacionales y los separan de sus familias o de nuestros dreamers o de los abusos a los derechos humanos sobre inmigrantes mexicanos. En síntesis, no podríamos cumplir lo que AMLO prometió en campaña, y por la vía de los hechos, pensar que nuestra política exterior debe ser la del avestruz acaba subordinándonos.

Lo más grave de esa estrategia que elige no decir nada como el camino más fácil, es que se desaprovecha una excelente oportunidad de encauzar la relación con nuestro poderoso vecino. Se podría decir, y hacer, por ejemplo, sin hablar del muro, que la seguridad en la frontera es un asunto prioritario para México y que debe abordarse en un contexto de cooperación y corresponsabilidad, porque parece que no entendemos que el muro obsesiona a Donald Trump e interesa al porcentaje más conservador y antiinmigrante de la sociedad estadunidense, pero la seguridad de la frontera les interesa a todos, conservadores y liberales, antiinmigrantes y proinmigrantes y ahí, México puede ser clave. Esa es la oportunidad que perdemos con nuestro silencio, la de ser relevantes en la relación con nuestros vecinos, una vecindad que el mundo envidia y que nosotros no aprovechamos y sobre todo, la de hacer algo por los mexicanos en Estados Unidos.

Pero el mensaje debe ser claro, coordinado y sin confusiones. En el tema de la Caravana Migrante y los centroamericanos solicitantes de asilo que están en la frontera norte, la Secretaría de Relaciones Exteriores apuntó –quizá mal instrumentado, pero en la dirección correcta–, hacia un esquema de cooperación con Estados Unidos y apenas unos minutos después, la Secretaría de Gobernación salió a desmentirla. Mal andamos.

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