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Mexa Institute

México. El vecino poco confiable.

Jorge Santibáñez

Éste artículo también salió publicado en: Los Angeles Times

6 noviembre, 2019
Tema:

La tragedia de la familia LeBaron en el norte de México donde nueve personas de una comunidad mormona fallecieron en un ataque del que aún no se tiene toda la información, hizo evidente lo que muchos, en Estados Unidos, creen desde hace tiempo. México y sus instituciones no son confiables. No se trata de querer o no a los mexicanos, ese es otro asunto y aunque el espectro es amplio, un sector importante de la sociedad estadounidense los aprecia.

La dependencia económica de México hacia Estados Unidos ahí ha estado siempre. No podría ser de otra forma. Ellos compran el 80% de lo que México exporta. Pero esa dependencia, que se da con muchos otros países, no es la que detona que desde EE.UU se vea a México como un país inferior, son otras cosas, es más grave.

En términos generales, en Estados Unidos, México es percibido como un país en donde no se respeta la ley. Peor aún, al mezclar esa ausencia de legalidad a la corrupción, lo que se cree es que ésta da lugar a que no haya consecuencias para quien infringe la ley.

Con honrosas excepciones, tradicionalmente y en términos generales los funcionarios, en particular los de alto nivel, son percibidos como corruptos y frívolos, lo que propicia que no se les tome en cuenta. Se les atiende mientras son funcionarios, pero se sabe que concluirán su encargo y cuando eso ocurra se conocerán los asuntos de corrupción en los que se vieron involucrados.

El combate a la corrupción, es o era uno de los grandes espacios de oportunidad de la administración de AMLO. Es muy pronto aún para saber si eso es real o no. En todos los sexenios anteriores no se descubrió ningún acto de corrupción en el primer año de gobierno y todos decían que la combatían. Pero el mensaje de AMLO de que ahora es diferente, además de otras acciones que proyectan austeridad -por lo menos-, le dan una credibilidad mayor. Sin embargo, ese combate, aún bajo el supuesto de que fuera auténtico, no basta para que México sea respetado por su poderoso vecino como confiable.

Más allá de las conclusiones a las que lleguen las investigaciones en el caso de la masacre de la familia LeBaron y que mal inician con la insistencia en la confusión que es cada vez menos creíble, el suceso hace ver que no se tiene control ni gobierno en grandes extensiones del territorio y un Estado que no controla su territorio no puede llamarse así. Los ejemplos sobran y se han hecho evidentes últimamente. Grandes extensiones de Sinaloa, Sonora, Veracruz, Michoacán, Guerrero o Tamaulipas, no son gobernadas por las instituciones formales del Estado mexicano, sino por organizaciones criminales.

Esta conclusión es gravísima para la relación con Estados Unidos. Sobre todo porque esa ausencia de gobierno se acepta casi como algo irremediable. Frente a esta ausencia de Estado el discurso de que se está atendiendo las causas que originan la delincuencia y las frases que cada vez desesperan más a la sociedad mexicana como la de abrazos y no balazos, no violencia, o fuchi guácala a los delincuentes, resultan absurdas y hasta irrespetuosas ante la masacre en donde fallecieron 9 miembros de una comunidad mormona, todos ciudadanos estadounidenses.

Por si algo faltara, justamente por el hecho de que en esta ocasión se trate de ciudadanos estadounidenses, se convierte el tema de ausencia de gobierno del territorio en un asunto medular de la relación entre los dos países. Y si lo duda sólo observe cualquier medio de comunicación en Estados Unidos y sabrá que no se puede permanecer al margen de una situación en la que mueren estadounidenses, ni aceptar como razones que se trató de una confusión y menos aún que eso se combatirá con frases trilladas, en las conferencias matutinas o culpando a los gobiernos anteriores.

AMLO se equivoca si cree que con austeridad y 10 frases repetitivas recuperará -si es que alguna vez lo tuvo-, el respeto y la confianza en México. Tiene que hacer más. La inseguridad no es solamente un asunto interno.

No puedo imaginarme a nadie abogando, por ejemplo, por el T-MEC en el congreso estadounidense. ¿Un acuerdo con México? ¿Con un país que no puede controlar ni gobernar su territorio? ¿En el que mueren ciudadanos estadounidenses que llevan una vida pacífica? ¿Qué garantía tenemos de que cumpla con sus compromisos? Queremos mucho a los mexicanos pero no es un país confiable.

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